Jorge Orlando Melo sorprende de entrada por su frescura, espontaneidad y entusiasmo vital. Su conversación acelerada está llena de referentes del pasado y del presente; de este último sabe tanto y se mantiene tan informado que, por ejemplo, es muy probable que pueda entenderse fácilmente con un niño de 12 años que esté a la orden del día en el tema de Internet. Esto, sin embargo, le sonaría excesivo porque es un hombre modesto, aunque tampoco se subestima. Para él es tan importante que sus labores hayan transformado en algo la realidad, como los premios y los halagos recibidos en su vida.
También podría sonar exagerado que sus logros hayan transformado la realidad, pero hay que decir que es cierto. No sólo porque hubiera dejado de lado algunos proyectos de investigación histórica por “meterse a organizar cosas”, entre las cuales se cuentan el sistema de investigación de la Universidad del Valle, la Consejería para los Derechos Humanos y la Consejería para Medellín durante el gobierno de César Gaviria.
“Yo siempre pensé, un poco por la formación de los años sesenta, que uno aprendía historia o entendía el país con la idea de tratar de cambiarlo porque, de alguna manera, estaba metido dentro de las ilusiones de la Revolución Cubana, del comunismo y de todo eso. Esto empezó a volverse muy complicado en los años setenta con la presencia de la alternativa guerrillera, porque bloqueaba la posibilidad de una acción política de izquierda democrática. Pero desde entonces he pensado que si uno no puede cambiar el país completamente, al menos puede cambiar cositas, y he caído continuamente en la tentación de hacerlo”.
En 1994, Jorge Orlando Melo cayó en la tentación de dirigir la Biblioteca Luis Ángel Arango, la principal del Banco de la República en el país y la más visitada de Latinoamérica. Quienes hayan disfrutado del préstamo externo y a domicilio de sus libros, de la eficiencia de sus buzones de sugerencias, de la Biblioteca Virtual (esa enorme enciclopedia de Colombia en Internet) y de que la Luis Ángel Arango sea, en pocas palabras, un órgano cultural vital para Bogotá, saben entonces cuáles han sido los logros más importantes de su administración.
Lo que seguramente no conocen es que Melo, además de dirigir la Biblioteca Luis Ángel Arango, fue quien formuló, en el año 2002, el Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas, un proyecto del Ministerio de Cultura para el cuatrienio 2003-2006 que tiene como meta dotar 500 bibliotecas públicas y privadas de Colombia, beneficiar a 45% de la población que carece de servicios bibliotecológicos y de salas de lectura, así como aumentar el promedio de lectura de los habitantes a 3.5 libros por año.